¿Pensabais que nos habíamos olvidado del blog? ¡Por favor, no! Estábamos ampliando las fronteras de nuestro paladar. Que nos hemos ido de viaje, básicamente. De Bruselas hemos vuelto con 5 kilos más y no en la maleta…

Si tuviera que resumir Bruselas en una frase, diría que si vas por cualquiera de las calles del centro, un 75% de sus locales son de chocolate: bombones, gofres (el tema gofres merece una mención aparte. Salados, dulces, grandes, pequeños e incluso solos. Todos están buenísimos) chocolate caliente, fresas con chocolate… Todo lo que puedas imaginar con chocolate.

A los que os gusta el dulce, no tenéis escapatoria. La verdad es que cualquier sitio está tremendamente bueno, así que nos vamos a limitar a decir en los que hemos estado. Justo en frente del Manneken Pis, hay un Leonidas, una tienda de chocolate que está en cada calle de Bruselas. En Leonidas hay bombones, gofres y de todo. El chocolate es otra cosa, en serio. Es otro sabor. Más dulce, pero sobre todo mucho más cremoso. Riquísimo de verdad. De hecho nosotros nos hemos traído entre los dos a Málaga tres cajas de bombones y cuatro tabletas de chocolate. De precio, además, está muy bien.

Los gofres cuestan en torno a 2€ con chocolate u otro topping. Si los veis por más, buscad otro sitio.

Sin embargo, aún así, incluso los clásicos puestecillos con gofres también están muy buenos.

Y hasta aquí todo el chocolate. Las fotos hablan por si solas.

Ahora sí, pasamos a mi tema preferido: las patatas. Fritas, asadas, en puré. Las patatas son impresionantemente buenas. Y si encima le echan mayonesa o cualquier salsa, apaga y vámonos. Había una salsa en casi todos los locales que era ‘andalouse’ o algo así, y que era picante, cosa que no entendimos.

Estuvimos en un sitio junto a la Grand Place que se supone que es de los mejores locales de patatas fritas que hay en Bruselas: fritland. Aunque la verdad es que para nosotros fue muy normal. Rico, pero no el mejor.

Porque el mejor que probamos, con mucha diferencia, fue en Brujas. Junto a la Grote Markt había un local de patatas que se llamaba Best Friet. Sencillamente espectacular. Buenísimo. Irrepetible.

Aquí quiero hacer un paréntesis. En Bélgica en general, hay muchísimos locales que se dedican básicamente a vender fritos de todo tipo: salchichas, nuggets, croquetas, albóndigas gigantes… A nosotros no echó un poco para atrás pero se ve que allí es una rutina porque la gente va con fritos por la calle. Y aunque no sea costumbre, en Amberes probamos los mejores wrap que hemos tomado en la vida. Era un sitio junto a la iglesia de San Carlos Borromeo que se llamaba ‘Urban Wrap’. El que pedimos fue el ‘César’. Madre del amor hermoso. Qué wrap…

Otro clásico que no debes perderte es el de los mejillones con patatas. Son un plato típico de Bruselas, aunque aquí debemos ser sinceros. Están buenos, sí. Pero si n te gustan especialmente los mejillones tampoco te pierdes gran cosa.

Sin embargo, sí quisimos profundizar en otras recetas clásicas y para eso buscamos algunos de los locales que ofrecían platos típicos a precios razonables. Junto al centro, fuimos y repetimos en el ‘Fin de siècle ‘, el restaurante más famoso de Bruselas. Un local sin ninguna decoración en el que los camareros hablan TODOS los idiomas y las mesas están muy juntas unas de las otras. De hecho, si te sientas junto a alguien que hable el mismo idioma que tú te enteras de toda la conversación. A pesar de esto, la comida que ofrecen está buenísima. Nosotros probamos el codillo con patata asada y salsa de mostaza (excelente) y carbonade (un estofado de ternera cocinado con cerveza y acompañado con puré de patatas. También buenísimo y muy recomendable).

Y hablando de cerveza, no podemos acabar esta entrada sin hablar de ella. Yo, personalmente, no soy absolutamente nada cervecero, pero en Bélgica he tomado más que en todo el resto de mi vida. Hay de todo tipo y para todos los gustos. Las frutales son lo más parecido a un zumo con alcohol que he probado. En general, están muy buenas, aunque obviamente también hay excepciones.

Las cervezas las suelen beber acompañadas de queso. Y nosotros no pudimos perder esa oportunidad. Así que a riesgo de reventar tal y como nos avisaron cuando pedimos el queso, acabamos comiéndonoslo todo. El Moeder Lambic es uno de los más conocidos en la ciudad y nos pillaba muy cerca del hotel. Cumplió con creces con las expectativas.

Grosso modo, estas son nuestras experiencias en Bélgica. Esperemos que os haya gustado tanto como a nosotros, y que si vais a Bruselas, por favor, no escatiméis en comer. Allí no hay vuelta atrás.

Un comentario en “Bruselas: la ciudad del chocolate y las patatas”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.