Después de tanto tiempo en casa, los sonidos de los restaurantes se nos antojan como una música casi olvidada. El tintineo de los cubiertos en una mesa que está montándose, el sonido de una silla acercándose a la mesa, la liberación de gas de una botella de cualquier bebida recién destapada.

Por no hablar del ruido ronco de un plato cuando llega a tu mesa. En ese instante, un elefante podría entrar en bicicleta al restaurante y tú no lo sabrías, porque cuando tu plato llega a la mesa se lleva absolutamente toda tu atención.

Entre ese pequeño bullicio de mesas alejadas, nos encontramos cómodos y seguros, e incluso sentimos que lo peor ya ha pasado. Volvemos a brindar, a compartir risas y a mirarnos en torno a una mesa.

Pero hay un momento casi mágico que ocurre muy pocas veces: el silencio.

Volvemos a brindar, a compartir risas y a mirarnos en torno a una mesa. Pero hay un momento casi mágico que ocurre muy pocas veces: el silencio. Clic para tuitear

Como os decía, casi en cualquier comida es fácil conseguir centrar tu mirada en el plato cuando lo ponen en la mesa, pero de lo que os hablo es diferente.

Hablo del momento en el que al introducir un trozo de lo pedido en la boca se hace el silencio. Todo pasa a segundo plano y te centras en saborear a fondo lo que estás comiendo. Pasado unos instantes, te das cuenta de que a la otra persona le está pasando lo mismo y solo puedes comunicarte con la mirada, normalmente abriendo mucho los ojos y queriendo decir algo así como: “Dios Santo”.

La carta de la Sole del Pimpi

Eso fue exactamente lo que nos pasó con casi cada plato que fue reposando por nuestra mesa en la Sole del Pimpi.

Empezamos abriendo boca con unas Gambas de la Malagueta, un plato exquisito que mezcla unas exquisitas gambas con tobiko rojo, kimchie, mayonesa, lima y aceite de sésamo. Quién hubiera tenido pan para rebañar la salsa que quedaba en el plato…

La Sole del Pimpi

Aún así, debemos reconocer que nuestra visita a La Sole del Pimpi se basaba casi exclusivamente en probar su sushi, que sin lugar a duda es uno de los mejores de Málaga.

Volvimos a probar dos clásicos que están entre nuestros platos preferidos de toda la ciudad. El Salmón Montés es un rollo de aguacate cubierto de salmón, queso de cabra, mango y curri rojo.

Salmón Montés

Por si no fuera suficiente con sus ingredientes, la parte superior tiene unas notas tostadas gracias a un toque de soplete que dan antes de que salga a sala. Es difícilmente descriptible y fácilmente disfrutable.

Para coronar, acabamos con un Maki Akami. Un rollo de aguacate, cubierto de atún, foie caramelizado y puré de trufa negra.

Maki Akami

La mezcla de sabores se nota tanto de forma individual como combinada y tiene una difícil competencia.

Pusimos el broche con un cóctel al que invitó la casa, hecho a base de ginebra, limón y zumo de mango. Delicioso.

A fin de cuentas

  • Lo mejor: el sabor del saber que vas a recordar ese momento.
  • Lo menos bueno: al reservar no nos indicaron que íbamos a comer en la barra. Seguramente no nos hubiésemos negado, pero no era lo que teníamos pensado.
  • Recomendación: el sushi es indiscutiblemente delicioso.
  • Precio: 25 euros por persona
  • Teléfono: 952 22 89 90
  • Dirección: Calle Zegrí, 4, 29015 Málaga.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.